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Crónica de un hallazgo

Transcurría el año 2004 cuando Antonio Álvarez Morán regresó, sacudido por los vaivenes de su azarosa vida, a residir en el ahora desaparecido edificio conocido como “los emplomados”, lugar que sería por muchos años una especie de puerto seguro para él. Ubicado en el centro histórico de la ciudad de Puebla, en la 2 poniente 907, el inmueble albergó varios departamentos que el artista habitaría en diferentes etapas de su vida, por ser propiedad de su familia. Durante su infancia vivió de manera intermitente en los números 5 y 6, y ya adulto, habría de establecer su base de operaciones artísticas en el número 7, teniendo como vecinos a una enigmática familia compuesta en aquel momento por un señor de apellido Abasolo, su esposa y su hija. El misterio en torno al jefe de la hermética parentela era tal, que se cuenta que un día, al regresar de su trabajo en la Lotería Nacional, recibió tres disparos en el vestíbulo del edificio por portar un maletín cuyo contenido jamás fue revelado. Basta decir que el hombre sobrevivió gracias a su fornida complexión y quizá también a un prodigioso golpe de suerte.

Tiempo después, al notificar la familia Álvarez sobre la venta del edificio, los Abasolo se vieron obligados a buscar otro lugar donde vivir, por lo que decidieron realizar una venta de garage para simplificar su mudanza. Entre algunas de las cosas que quedaron sin vender, Antonio Álvarez halló una carpeta con ilustraciones, la cual no dudó en adquirir por la modesta cantidad de cien pesos. Al explorar el hallazgo, el artista notó, maravillado, que se trataba de treinta y cuatro dibujos académicos hechos a lápiz y carbón, copias de litografías del artista francés Bernard-Romain Julien, de las cuales también había una reproducción. Todos ellos se encontraban firmados por Ausencia y Concepción Abasolo.

La prolífica Ausencia firmó y numeró cada uno de los veinticuatro dibujos que “concibió”, del mismo modo en que los fechó comenzando por el mes y siguiendo con el día. Todos ellos fueron realizados en 1922. Los diez dibujos firmados por Concepción, resaltan por la “ausencia” de fechas, pues sólo dató uno en 1919, mismo que dedicó “a su mamacita en su día”. Como dato curioso habría que señalar que cuatro de los dibujos fueron realizados por ambas hermanas a partir del mismo modelo, lo que hizo posible contrastar la habilidad de Concepción y las pequeñas carencias de Ausencia.

Dibujos originales de Ausencia y Concepción Abasolo

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La fascinación de Antonio Álvarez por las hermanas Abasolo tuvo afortunados alcances, tanto en el ámbito creativo, como en el investigativo ya que, por una parte, lo inspiraría en el año 2005 a pintar el lienzo titulado “El misterio de las hermanas Abasolo” y por otro lado, habría de conducirlo a abundar sobre la formación artística de Ausencia y Concepción en la Academia de Bellas Artes de Puebla. Finalmente, la conjunción de ambas empresas posee como resultado la magnífica obra que usted posee en sus manos, una intervención directa sobre los dibujos de ambas hermanas en los que Antonio Álvarez da rienda suelta a sus pulsiones icónicas y formales, tanto en los espacios negativos como positivos de los modelos copiados por estas dos talentosas artistas.

Adriana Alonso Rivera y Carlos Felipe Suárez

En 2005 Antonio Álvarez creó esta primera obra inspirado en los dibujos de las Hermanas Abasolo.

El Misterio de las Hermanitas Abasolo

2005 / 64 x 94.5 cm / Óleo, encáustica y palma bendita sobre fibracel